J.A. DOMÈNECH
10/04/2020
La reciente desaparición del empresario Artemi Teixidó, merece que le dispensemos un homenaje por escrito. Para ello, nada mejor que publicar el reportaje que en noviembre del 2018 editamos en la revista Tarragona Empresarial en formato papel.
Este hombre afable, inquieto y de una especial bonhomía, dice tener un gran defecto: “Soy una persona muy sufridora, siempre lo he sido, en mi trabajo como empresario y en mi entorno familiar”. No sé si Artemi Teixidó (91) considera esto verdaderamente un defecto, porque recuerda a muchos amigos empresarios de su generación que quizá disfrutaban más de la vida, y él no supo hacerlo. Pero lo cierto es que gracias también a ese ‘sufrimiento’, a esa constante tensión y preocupación, Teixidó ha podido desarrollar una brillante trayectoria empresarial. Y por otra razón también: “Siempre he tenido la inquietud de fundar empresas y consolidarlas”.
Indiscutiblemente se trata de uno de los mayores empresarios que han dado nuestras comarcas en los últimos 70 años. De los muy pocos que tiene relacionado su apellido con una gran marca, o deberíamos decir dos: Industrias Teixidó, SA y Òptiques Teixidó. Las dos vivas y con muy buena salud. Y puede que a muchos les suene Metalver; aunque ya menos asociarían el apellido Teixidó con firmas como Flamagás, de la que fue cofundador y continúa siendo accionista, o empresas del tamaño de Industrias Ópticas Prats.

“Me hubiera gustado tener más participación en Flamagás”
La vida de Teixidó ha sido un no parar empresarial, comenzando prácticamente de cero. Hijo de unos terratenientes de Riudecols, estudio peritaje mercantil en Reus, en la Academia Saludes, que también acogería a muchos de los que después fueron grandes empresarios de Reus. “Iba y venía cada día en bicicleta desde Riudecols, lloviera o nevara”, recuerda sonriendo. Completó los estudios, pero ya no los de profesor mercantil, que dejó para ponerse a trabajar.
Lo primero fue hacerlo como director y accionista en Industrias Ripoll en la capital del Baix Camp, dedicada a la producción de piezas mecanizadas. Allí le llegó la oportunidad de adquirir una maquinaria de importación para la producción de bisagras y tornillos destinados a la industria de gafas. Pero su socio en la empresa no lo veía claro, de modo que Teixidó decidió independizarse. Su padre le concedió un préstamo de 300.000 pesetas y le cedió un local en Riudecols. Así nació Industrias Teixidó en mayo de 1952, con dos máquinas, cuatro operarios y todo el futuro por delante.
El aspecto risueño de Teixidó esconde una de sus grandes virtudes: Teixidó es un gran comercial. Con sus buenas maneras y educación, y una gran tenacidad y constancia, decide visitar a todos los fabricantes de gafas que entonces había en España, unos 70, que tradicionalmente importaban las piezas de Italia. La aceptación es enorme; en tiempos de posguerra que un fabricante del país pudiera ofrecerles lo que debían importar, hizo que la mayoría se convirtieran en clientes de Industrias Teixidó. Primer triunfo de la larga lista.
Mientras los tornillos y bisagras de las gafas se asentaban en la producción, la firma de Riudecols continuaba con su negocio principal: fabricar en serie piezas de alta precisión para diversos sectores, como las poleas para los platos de los tocadiscos, o las ruedecitas que permiten encender los mecheros, que en los años 50 del pasado siglo empezaban a incorporarse a los mecheros. Y aquí comienza otra historia de éxito.
Flamagás, el gran imperio
La historia de Flamagás, hoy un imperio también de la escritura además de los encendedores, nace con Teixidó y la familia Puig, propietaria de los perfumes y líneas de moda con presencia en todo el mundo.
A finales de los años 50 del pasado siglo, la sociedad francesa Flaminaire le ofrece a Teixidó la posibilidad de fabricar mecheros bajo su licencia. Teixidó se ve capaz de hacer todas las piezas que componen un encendedor, sin necesidad de licenciar una patente, y para ello contacta con la familia Puig para asociarse junto a los franceses de Flaminaire, y crear una nueva marca. “Yo necesitaba de los Puig, puesto que no tenía recursos suficientes para abordar una empresa de este calibre. Creamos entonces Flamagás SA, en 1959, de la que sigo siendo accionista, pero me hubiera gustado tener mucha más participación en ella. Siempre lo he lamentado. La empresa ha crecido mucho, pero cada vez que ampliábamos capital, no podía aportar mi parte. Creo que fue un error no haberlo conseguido”, lamenta Teixidó.
Flamagás es hoy uno de los líderes mundiales en la fabricación de mecheros no recargables, y durante muchos años de Riudecols han salido la válvula, los rodillos y el quemador de este popular encendedor.
Teixidó quería, en paralelo, ir más allá de su negocio de proveedor para los fabricantes de gafas, abrir nuevos caminos. “Si producía piezas metálicas para los fabricantes de gafas, por qué no dar un paso más”, se preguntaba. Así en 1969 funda junto con la familia Prats, Industrias Ópticas Prats, en Sant Boi de Llobregat, productor de cristales de gafas, y hoy uno de los grandes del sector. Se cerraba el círculo, o casi.
Fueron años de viajes por medio mundo, una constante en su vida, para visitar todo tipo de futuribles clientes. “Me hacía entender con un francés aprendido en el colegio y un inglés muy básico”. Pero quedaba un paso más. “A finales de los años sesenta me di cuenta que en Europa se iban poniendo de moda las gafas con monturas metálicas, de modo que me puse a fabricarlas en las instalaciones de Riudecols. Pero tuve que crear una nueva empresa, ya que los fabricantes a los que suministraba las piezas de siempre, tornillos y bisagras, me veían como un competidor”. Así nació Metalver en 1972. Las monturas metálicas de Teixidó rápidamente se extendieron por el mundo. Y en nuestro país eran clientes Indo y Barbudo, entre otros muchos.
De todos los países a los que tuvo que viajar Teixidó, “mi preferido es Alemania. A los que más admiré fue a los alemanes. He copiado para mi fábrica sus maneras de trabajar, el orden, la constancia, el cumplir con los pedidos. Verdaderamente son un ejemplo; un país que reconstruyó la otra mitad después de la reunificación…”
“A los que más admiré fue a los alemanes. He copiado para mi fábrica sus maneras de trabajar, el orden, la constancia, el cumplir con los pedidos”.
Un peldaño más. En la década de los setenta, y queriendo completar la oferta, Teixidó se asocia con un fabricante de gafas de acetato, Incesa, y crean Incesa-Kadima. Ya tenía, pues, cerrado el círculo del mundo de las gafas. La guinda final sería la creación de una cadena de ópticas, Ópticas Teixidó. Curiosamente, la primera óptica la instaló en Madrid, que fue el embrión de las tiendas que se abrieron posteriormente en Reus, Valls y Tarragona.
Llega la crisis
Naturalmente, en una trayectoria tan larga, no todo el camino está siempre alfombrado. Y es verdad que con las crisis también llegan las oportunidades, incluso de crecer. Y también se escenifican las capacidades de adaptación de una empresa.
En los florecientes años ochenta, Industrias Teixidó concentraba sus ventas en nuestro país, con un escaso 2 o 3% de facturación en el exterior. El negocio prosperaba, hasta que llegaron los japonenses a finales de aquella década con la producción de rodillos de encendido de los mecheros mediante el proceso de estampación, lo que permitía fabricar muchas más piezas en mucho menos tiempo respecto al tradicional método de producción. Teixidó tuvo que reinventarse. Había que luchar contra el método japonés y seguir siendo competitivos. De manera que adquirieron nueva maquinaria capaz de producir 100 millones de rodillos de encendido al año. No obstante, consecuencia de la nueva incorporación fabril fue que los tornos clásicos de Teixidó se quedaron sin trabajo.
Por aquel entonces se había incorporado a la empresa la segunda generación, a través del hijo mayor, Ferran Teixidó. Ferran decidió que había que salir fuera del país a vender y conseguir pedidos de torneado. Para ello, escogen el mercado más difícil, pero el que, de conseguirlo, daría mayores réditos a la empresa. Van a buscar clientes a Alemania. Para una empresa de este sector, vender en Alemania es el máximo certificado de excelencia que puede obtenerse.
La necesidad de salir al exterior dio como resultado no solo la viabilidad de la empresa sino un crecimiento y nuevas especializaciones que requerían sus clientes: piezas más complejas, de mayor calidad y valor añadido. Y más grande abanico de sectores que se consolidaría en el futuro: válvulas, elementos neumáticos, electrónica, informática, electrodomésticos, y el gran protagonista: automoción.

“A finales de los años sesenta me di cuenta que en Europa se iban poniendo de moda las gafas con monturas metálicas”
Mientras Industrias Teixidó consolidaba sus ventas en el extranjero frente a las de aquí, los japonenses volvieron a resucitar la competencia en las piezas para fabricar mecheros. “Reaccionamos, pero ellos nuevamente volvieron a adelantarse, hasta que al final decidimos no continuar en ese sector. Todo esto pasó a principios de los año 90, y gracias a nuestras ventas en Alemania pudimos compensar la no continuidad en piezas para mecheros”, argumenta Artemi Teixidó.
Del sudeste asiático llegaría otra amenaza que afectó gravemente al sector de fabricantes de gafas, al entrar producto acabado a muy bajo precio. Entonces, sí, todo el sector sufrió un cataclismo, desapareciendo la práctica totalidad de empresas que fabricaban monturas. Y Metalver no fue la excepción, tuvo que cerrar en 2001. En medio de estas circunstancias, Industrias Teixidó seguía reforzando sus acciones exteriores, principalmente en Alemania. En aquel tiempo, Xavier Teixidó, hermano de Ferran, se incorporó a la empresa, proveniente de Metalver, para encabezar el departamento de marketing y exportación. Sus esfuerzos exportadores dieron resultado: entraron de pleno como proveedores del sector automovilístico. Hoy, Industrias Teixidó (40M€ en ventas y 450 empleados) vende fuera de España la práctica totalidad de su producción.
Me parece que Ferran, Xavier, y Pia (la hermana al frente de la cadena de ópticas) han heredado de su padre la perseverancia y la responsabilidad, la disciplina, la adaptación al cambio, a la mejora continua, el compromiso con los colaboradores. Y esa idea de constante atención, como dice su progenitor, “hay que estar siempre alerta y buscar nuevas posibilidades”. En la familia confían que una tercera generación se incorpore al negocio. Se prepara papa ello, “porque queremos seguir siendo una empresa familiar”, concluye Teixidó.
Una vida entregada al trabajo
La vida de Artemi Teixidó se ha centrado en sus empresas, con una dedicación verdaderamente absorbente. “No he tenido tiempo para aficiones ni para viajar”; en su caso es literal. “Más allá de la espina clavada que se me quedó con Flamagás, al no poder tener más participaciones, también me equivoqué en no haber hecho turismo en su día”, lamenta. Y es que “cuando viajaba siempre lo hacía por razones profesionales, y estando por medio mundo, no he conocido el país ni siquiera la ciudad a la que había ido. No hice nunca turismo”.
“Veía cómo mis amigos empresarios se relajaban mucho más que yo: practicaban sus aficiones, deportes, la náutica, y todo eso a mí no me atraía, no le veía la necesidad. Ya ahora, confieso, que me equivoqué, y me gustaría recuperar ese tiempo”.
Y es curioso que el poco tiempo que no empleaba a estar al frente de sus empresas, Teixidó lo dedicó a iniciativas empresariales, como en su día era estar en el comité ejecutivo de la Cambra de Comerç de Reus, con todo el potencial empresarial que reunía la corporación en aquella época. Y a otras acciones de carácter asociativo, pero en las que no se prodigaba en exceso.
Por otra parte, tampoco le sedujo el ‘boom’ inmobiliario de la costa, en el que muchos empresarios reusenses hicieron pequeñas fortunas, concretamente en Salou, comprando y vendiendo terrenos, o incluso creando empresas turísticas. Quizá porque Teixidó había hecho una apuesta claramente industrial, en beneficio de sus activos: reinvertir todos los recursos en la propia empresa. Como excepción, hubo junto a los Puig una apuesta con un hotel en Canarias, para posteriormente abandonar esa rama.
























