J.A. Domènech
23/11/2020

El 23 de noviembre de hace dos años, el BOE publicaba el nombramiento de Josep Maria Cruset como presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona. El paso previo había sido anunciado por el Govern de la Generalitat el dia 20 del mismo mes, aunque de manera extraoficial a finales de octubre se daba por seguro su nombramiento.

En los meses anteriores, una vez que Josep Andreu, su antecesor, renunciaba al cargo, el bombo de posibles candidatos se había llenado de toda suerte de nombres, aunque muy pocos acertaron con el ganador. Y es que el nombramiento de Cruset descolocó a propios y extraños. El alcalde de Riudoms y vicepresidente de la Diputació accedía a uno de los puestos de mayor lustre que puedan darse en el escalafón político local. Pero Cruset, como veremos, no venía a ocupar el sillón y a aprovecharlo meramente como trampolín político. Su estrategia, sin renunciar a sus convicciones políticas ligadas a la independencia (militante en JxCat y antes en el PDECAT), iba a centrarse en la gestión y en explotar la capacidad del Port como gran protagonista de la economía local e impulsor de sinergias en beneficio del territorio.

El nombramiento de Cruset descolocó a propios y extraños.

Como estos cargos siempre abonan suspicacias y maledicencias en el ámbito político, el nombramiento de Cruset levantó algunas ampollas.

Como estos cargos siempre abonan suspicacias y maledicencias en el ámbito político, el nombramiento de Cruset levantó algunas ampollas. Begoña Floría, entonces teniente de alcalde y portavoz del gobierno municipal de Tarragona, lanzaba un tuit en el que consideraba una “muy mala noticia” (sic) que el Govern hubiera nombrado a Cruset: a alguien “sin lazos con la ciudad de Tarragona. ¡Nunca había pasado!”, se lamentaba. Era un ejemplo que Floría verbalizó en defensa de intereses localistas; pero no así muchos otros correligionarios políticos del propio Cruset que, sotto voce, decían no entender que el alcalde de Riudoms ocupara este cargo.

Y todavía hoy, ya pasadas aquellas calenturas, entre políticos propios y de otros signos, propagan la especie que Cruset irá en determinada lista o candidatura próxima o futurible. El fango de los rumores.

Imagino que el Govern, y muy especialmente los consellers Rull y Calvet, había visto en Cruset algo más que una pieza política a colocar. Y que quizá, después de tantos decenios, efectivamente, además de un nuevo impulso a la gestión, Cruset rompería la imagen localista que el Port tenía en el territorio.

Sea como fuere, el nuevo presidente de la APT pedía tiempo, “para que se me juzgue por mi trabajo, no por mis orígenes”. Y en este empeño ha trabajado durante estos dos años. Poco recorrido para valorar todo un proyecto, sí, pero en estos 24 meses algo de la huella específica de Cruset ha empezado a dejar impronta.

Los presidentes de la Autoridad Portuaria heredan la serie de proyectos que se han venido planificando en años anteriores y que, en teoría, deben seguir su curso, en el marco de planes de inversión que suelen durar años. A estos proyectos, dependiendo de las rigideces administrativas, se les puede dar mayor o menor velocidad e introducir, incluso, otros de nuevos.

En el caso de Cruset, en primer lugar, hay que valorar una cierta manera de hacer, seguramente proveniente de su etapa como alcalde, en la que se está atento a las demandas exteriores, sin imponer a priori una idea fija; un saber escuchar a los diversos actores: instituciones, empresas y también, puertas adentro, a todo el núcleo de colaboradores portuarios. En este punto, el presidente de la APT se ha beneficiado de contar con un equipo técnico consolidado, que desde hace años viene trabajando en los proyectos del enclave, bajo la responsabilidad del director general, Ramón García.

Quizá utilizando el adagio erasmiano festina lente (apresúrate despacio), desde el principio Cruset ha querido marcar de manera firme y constante su pátina en diversos frentes, prescindiendo del que dirán políticamente: es la libertad que tiene este ingeniero químico al que siempre le quedarán sus cuarteles de invierno como funcionario de la Diputació. Pase lo que pase en las próximas elecciones autonómicas.

Así, bajo su mandato, se han acabado de concretar algunos temas pendientes, impulsado otros ya en marcha, y abierto nuevos frentes. Entre los primeros, hay que resaltar el punto final a los trámites administrativos para dar luz verde a la ZAL, tras tres decenios de historia y unos últimos años de desesperante lentitud. Un proyecto capital para el futuro del enclave, y como resorte económico para el conjunto del territorio.

Cruset impulsa un frente con margen para crecer: el tráfico por ferrocarril.

Hay que resaltar el punto final a los trámites administrativos para dar luz verde a la ZAL, tras tres decenios de historia y unos últimos años de desesperante lentitud.

Respecto a los proyectos reforzados, se han redoblado esfuerzos para llegar a la recta final de la plataforma intermodal en Guadalajara, pieza clave para el crecimiento de los tráficos intermodales ferrocarril-carretera y marítimos, que puede ser operativa el próximo año. Igualmente, en este capítulo, tenemos la continuidad en la apuesta por los cruceros, que viene subrayada por la nueva terminal, así como la externalización de su gestión. E internamente, una línea clara por incrementar el equipo comercial.

Como claramente nuevo, Cruset  impulsa un frente con margen para crecer: el tráfico por ferrocarril, con enormes ventajas en costes y claras contraprestaciones medioambientales. Ahora podemos vislumbrar lo que este medio de transporte traerá de beneficios para el Port y su hinterland.

Y me parece que veremos bajo su gestión otras mejoras para la infraestructura, como la adecuación horaria definitiva del PIF, un nuevo puerto seco en Aragón especializado en agroalimentario, las obras del contradique de Els Prats, y esperemos que otras novedades. Y no olvido que, al final de su trayecto en el Port, no todo serán éxitos; habrá también una cuenta del debe: el balance final dirá.

Y en el mientras tanto, mantiene una muy buena relación con los gestores de Puertos del Estado, engrase muy necesario para llevar a buen fin un Plan de Empresa que contempla para el periodo 2020-2024 150M€ de inversión directamente dependiente de la APT, a los que se añadirán 180M€ de la iniciativa privada.

En su día, Cruset aceptó el ofrecimiento del alcalde Josep Maria Vallès para ser concejal en Riudoms, “con la incertidumbre de no saber qué era un ayuntamiento”. Años más tarde, con 28 cumplidos, ya era alcalde. No sé si en el Port entró con las mismas dudas, pero este fordiano hombre tranquilo parece capaz de asumir retos de este calibre. Al menos, está en el camino.