Raimon Domènech: «Fue un error no haber entrado a operar como bróker internacional de agroalimentario»

T.E.
6/07/2026

Raimon Domènech i Suñer (75) es muy conocido en Tarragona. Puede decirse, en cierto modo, que es una figura popular. En el resto del país, su nombre viene asociado al mercado de cereales: con sus propias empresas, o como agente, su vida profesional se ha centrado en el corretaje de materias primas agroalimentarias. Y todavía hoy mantiene actividad. Es un negocio de larga tradición histórica y con pocos actores. La palabra dada, y las buenas prácticas, son obligatorias para trabajar en este sector, que tiene unas reglas no escritas muy estrictas. No cumplirlas te expulsa definitivamente del mercado. Las operaciones se cierran con un apretón de manos o una confirmación telefónica. Y, aunque poco conocida, la actividad en este sector es el pilar fundamental de la nutrición: su libre comercio es la piedra angular de la seguridad alimentaria mundial.

Licenciado en Derecho por Deusto, Domènech entró en el mundo profesional en la empresa Metalinas, en Bilbao, propiedad de Eduardo Momeñe; un apellido de larga tradición en la industria metalgráfica vasca. “Tendría 24 o 25 años. Metalinas era entonces un referente en la producción de tapones corona metálicos para bebidas y estampación en latas de conserva. También, en aquella época, tuve la opción de incorporarme al bufete Cuatrecasas, oportunidad que desestimé”.

El siguiente paso de Domènech fue trabajar en Madrid para la ingeniería Desmet, especializada en la extracción de aceite de soja. “Allí comencé comprando y vendiendo aceites; era realmente lo que me gustaba, la acción comercial. Todo fue muy bien hasta la llegada del caso de la colza, que tanto daño hizo al sector y que tuvo como resultado muchas víctimas mortales”. El trabajo en Desmet supuso para Domènech una nueva perspectiva del negocio. “Allí pensé que se podía comerciar con multitud de productos agroalimentarios, que el abanico de posibilidades era enorme, y era el momento de cambiar de rumbo”.

«En Desmet, todo fue muy bien hasta la llegada del caso de la colza»

Así, “con la experiencia adquirida en Desmet, mi hermano Josep me propuso montar una empresa para trabajar como brokers en el sector agroalimentario”. De este modo nació la sociedad Prolipsa. “Entramos muy a fondo en el sector, nos hicimos un hueco y decidimos crear una nueva sociedad, Agrocesa, que todavía existe”.

Por decisión personal, y mientras sus empresas crecían, Domènech quiso frenar su ritmo de actividad y tomarse un año sabático, en Escocia. A su regreso, la empresa Riera Roura, el gran referente importador y comerciante del sector en Catalunya, le ofreció trabajar con ellos. “Mi lugar de operaciones era Barcelona, pero con la idea de estar cerca de mi hija, quise trasladarme a Tarragona, y constituyo en 1997 la sociedad Agrifeed”, que actuará como broker en exclusiva de Glencore. Hoy Agrifeed trabaja como operadora de cereal de interior, no internacional. El sector vivió un gran movimiento cuando la multinacional Glencore adquiriere la compañía Viterra. Entonces, “creo la sociedad Broker Cereal Tarraco, en la que participa mi sobrino Eduardo Domènech Rifaterra”. Broker Cereal Tarraco actuará como agente exclusivo de Viterra.

Como venimos observando en esta serie de retratos empresariales, en toda trayectoria profesional dilatada los errores son inevitables, más aún, se entienden como parte del proceso que conduce al éxito. Y en este caso no estamos ante una excepción. “Me parece que mi principal error ha sido no haberme dedicado al negocio internacional, cuando teníamos opciones de hacerlo”. No tiene dudas sobre ello: “tengo muy claro, aunque desde la perspectiva de hoy sea fácil decirlo, que este es el gran error de mi carrera”, subraya Domènech.

Otro error en el que incide Domènech es el haber recomendado a una persona para dirigir el mercado de soja de Glencore en España. “Les recomendé a un profesional, que creía perfectamente capacitado. Casi hunde la empresa en España. Verdaderamente este fue un gran error de mi carrera profesional. Me pesó mucho, porque de alguna manera el prestigio acumulado durante años se veía mermado”. Es difícil convencerle de que esa responsabilidad recaía sobre la persona elegida, y la empresa que la aceptó, y no sobre él. “Durante años me persiguió esa sensación de haber hecho algo muy mal”.

«Recomendé a un profesional, que creía perfectamente capacitado. Casi hunde la empresa en España.»

No parece, sin embargo, que a estas alturas de su carrera profesional, Domènech vaya a dejar del todo el negocio, que compagina además con el ejercicio de la abogacía. Un aviso premonitorio, en forma de zumbido constante, nos da la señal de que la conversación ha llegado a su fin. El teléfono, puesto en silencio, avisa de una llamada. La oportunidad de cerrar un trato activa toda la capacidad de concentración y agilidad mental necesarias. “Tengo que dejarte, esta llamada es importante”.

Pasión por la pintura

Durante muchos años, nuestro protagonista fue un intenso practicante de deporte: desde el tenis y el fútbol en su juventud, pasando por el golf. A la náutica de recreo y a la tauromaquia ha dedicado también espacios en su tiempo libre. Pero lo que verdaderamente ha apasionado a Domènech a lo largo de toda su vida es la pintura. Atesora una colección importante, centrada en pintura española contemporánea, en la que están representados muchos artistas significativos. Además, tiene también algunas piezas más clásicas, y un apartado de pintura religiosa. Durante años ha tenido tiempo en su agenda para visitar galerías, salones de pintura, relacionarse con marchantes y atender algunas subastas.

Igualmente, el volumen de libros que guarda, con una creciente biblioteca especializada en carlismo y Guerra Civil, es reflejo de algunas de sus inquietudes culturales. Su familia, con ancestros estrechamente vinculados a las comarcas de la Ribera d’Ebre y la Terra Alta, ha suscitado en Domènech un interés por las historias locales y, en concreto, de las familias más arraigadas en estos territorios. Y la gastronomía, en la que le gusta recuperar recetas de antaño y platos que honran la tradición. Y una fantasía que de vez en cuando le gusta explicitar: “Montaría un restaurante donde se comiera muy bien, pero, eso sí, únicamente lo que dijera el amo”, dice sonriendo.

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