Joan Antoni Domènech
11/03/2026

Pascual Pardo, a la seu de TransPaís
Pascual Pardo Andujar (75) es un apasionado de la mecánica y el transporte. Y ha sido así desde su primera adolescencia: con 14 años se puso a trabajar de mecánico en los talleres Serra Galofre de Valls, mientras se formaba en la Escuela de Maestría Industrial de la misma localidad. A los 16 años nuestro protagonista entraría a trabajar en Talleres Avenida de Reus, como mecánico de automóviles. La familia Pardo es originaria de Jorquera (Albacete). Vinieron a Reus en 1964, porque el padre de Pascual Pardo fue contratado para trabajar en la granja avícola Roig, una de las pioneras en la avicultura industrial.
Cuando tenía 18 años, recuerda Pardo, “observé que había un negocio que podía encajar con mi vocación de dedicarme por entero al transporte con mi propia empresa: la logística de medicamentos, un sector por aquella época con muy poca competencia. Mis padres me compraron una furgoneta y empecé a trabajar para la Federación Farmacéutica de Cataluña, que en Reus tenía su sede en el Raval Santa Anna”. Pardo pondría rápidamente en marcha una pequeña sociedad que llegó a tener tres furgonetas. Trabajaría en el sector durante tres años. A la vuelta de su servicio militar en Mallorca, el negocio de reparto de medicamentos había experimentado un alza de la competencia: no era el momento de seguir. Pardo enfocara entonces su actividad en trabajar para terceros como empleado. Así entra en Transportes Mas de Riudoms, como conductor de camiones. Llevará partidas de huevos de Procasa y de la Cooperativa Comarcal de Reus a Murcia y Bilbao. Su siguiente empleo será como transportista de pienso para Amadeu Bonet, una empresa avícola de Reus.
Cuando la sociedad de Amadeu Bonet entra en fallida, la Cooperativa Comarcal adquiere sus camiones, “de modo que entré a trabajar para la Comarcal, pero al cabo de un año me monté de nuevo por mi cuenta”, explica Pardo. “Intenté volver de nuevo a la distribución farmacéutica, pero ya había demasiada competencia. Además, es un sector – recalca Pardo- en el que no puedes parar, no hay festivos. Le pondré un ejemplo: cuando me casé, incluso mi padre tuvo que substituirme. Aquello dejo de ser rentable por completo. Volví a la Comarcal como chofer de camión”. Pero por aquella época la conflictividad laboral en la Comarcal dio pie a una crisis que afectó incluso a los activos destinados al transporte: los camiones fueron ofrecidos a los conductores de la cooperativa. “Nos dieron la posibilidad de adquirir los camiones y seguir trabajando para ellos, o bien, como empleados, ir a trabajar al matadero de la cooperativa. Yo fui el único de los 16 conductores que aceptó la oferta: me quedé con tres camiones y así empezó Transpais, en 1976”.
Inicialmente, la progresión era muy rápida. Su primer gran cliente fue Piensos del Segre, de Tarragona. “En aquella época no había camiones especializados en el transporte de pienso; se movía con tractores o incluso carros. Llegamos a tener 22 cisternas de pienso que trabajaban por toda España, con una plantilla de unas 25 personas”, recuerda Pardo. “Los márgenes eran altos, lo que hizo que entraran muchos operadores en el sector. Y las fábricas de pienso empezaron a tener sus propias flotas…”. En este marco de competencia creciente, Transpais intentó de nuevo la diversificación. “Empezamos con un contrato con una empresa holandesa, BV Ringoot, con siete u ocho camiones frigoríficos, pero nos dimos cuenta que nuestra flota era muy pequeña para competir con las grandes empresas de logística, además de no obtener cargas de retorno, por lo que entramos también en el transporte de granel con volquetes y en carga paletizada: en Francia, Bélgica e Italia estaban nuestros principales clientes”.
Y llegó así en 2005 la primera delegación propia en el extranjero, en Colmar (Francia), cerca de la frontera con Alemania y Suiza. La siguiente apuesta fue desembarcar en Polonia, también en 2005, con una delegación en Lublin, localidad próxima a Ucrania, ampliada con nuevos almacenes en 2023. Ese mismo año 2005, la compañía crea en Bulgaria la sociedad Transpais Bulgaria EOOD. En 2017, Transpais adquiere la empresa viguesa Transportes Bustos, lo que le permitió ampliar su radio geográfico de acción y acceder al transporte ro-ro (camiones con carga transportados por barcos), entrando así en las denominadas autopistas por mar atlánticas. Ese mismo año construye un almacén en Cabanillas del Campo, Guadalajara, ampliando así sus capacidades logísticas en la zona central de España.
Transpais dispone hoy de una flota de 200 camiones propios más 50 de colaboradores directos, y ocupa a 360 personas, con unas ventas anuales de 50 millones de euros. Ha ampliado recientemente sus instalaciones centrales en la Selva del Camp y es el operador de carga y descarga de trenes en la Terminal Intermodal de La Boella, una plataforma de accionariado privado que va a jugar un papel muy relevante en el futuro logístico del hinterland portuario tarraconense.
La sociedad fundada por Pascual Pardo ha superado muy diversas crisis y, sobre todo, ha sobrevivido a los errores. Pardo está plenamente convencido que los errores ayudan a avanzar. “Es imposible crecer sin cometerlos”, afirma. “Los errores que hemos cometido han sido tan importantes como nuestros aciertos”, argumenta. “A veces hemos tomado decisiones no suficientemente calculadas: una mala compra, una financiación no bien estudiada, un cliente que creímos muy bueno, el equivocado fichaje de algún directivo…”

Y nos ofrece ejemplos concretos. “Instalarnos en Polonia fue inicialmente un error, porque no estábamos suficientemente preparados. Mis hijos (Juan Carlos y Francisco) tenían entonces 20 años. Tuvimos que echar marcha atrás para retomar el proyecto más adelante”. Otro error fue “tener una empresa en Portugal, en Lisboa. No nos fue bien: la cerramos y llegamos a un acuerdo con los trabajadores. Igualmente, la compra en su día de Transportes Bustos se reveló como un error, porque no se cumplieron las expectativas del ro-ro, aunque esto no dependía de nosotros…”
Sin embargo, todo compensa cuando Pardo echa la vista atrás. “Estoy muy orgulloso de haber sido de los primeros en contratar conductores de Bulgaria, Rumanía y Polonia, enormes profesionales; todavía muchos de ellos trabajan con nosotros y otros, por edad, ya se han jubilado. Y también, de trabajar codo con codo con el cliente, estando siempre muy próximo a él. De haber integrado plenamente a la segunda generación en la gestión de la empresa, y de estar convencido, en nuestro caso, que el futuro es de crecimiento”.+
«A veces hemos tomado decisiones no suficientemente calculadas: una mala compra, una financiación no bien estudiada, un cliente que creímos muy bueno, el equivocado fichaje de algún directivo…»
Cambios de sede
“Nuestra primera sede la tuvimos en la avenida Carrilet de Reus. Llegó un momento en que aquello era muy poco operativo. Más tarde decidimos marcharnos a un terreno en Reus más amplio, de ocho hectáreas en la carretera del Morell. Pero aquí empezamos a tener muchos problemas con el Ayuntamiento, por lo que finalmente apostamos por instalarnos en la Selva del Camp, en 2001”. Aquí la empresa dispone de 14 hectáreas entre, naves, campas y oficinas.
Transpais se convirtió en la época en un ejemplo más de la marcha de empresas de Reus. La Selva del Camp aprovechó esta oportunidad dando facilidades en el acompañamiento administrativo a las nuevas empresas de su polígono: además de facilitarles los trámites, la localidad buscaba ayudar en dar soporte en costes y en ofrecer un apoyo decidido con proveedores de suministros básicos, para que estas empresas entraran lo más rápidamente en funcionamiento. Y que a su vez fueran proveedores de las industrias de La Selva del Camp donde Transpais, aún colabora con varios de ellos.
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